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Vivir desde el teléfono o para las redes sociales

Cynthia Zaiatz, neuropsicóloga especialista en adolescentes y adultos, y jefa de servicio de psicología del Sanatorio Modelo de Caseros indicó que estamos viviendo una era en la que todos quieren pertenecer y mostrarse en las redes sociales.

Crecen en la Argentina las consultas por síntomas alrededor del uso de los smartphones que los especialistas llamaron nomofobia.

Aunque actualmente muchos consideren al celular como una extensión de su cuerpo y lo asuman de forma natural, la Organización Mundial de la Salud (OMS) señaló que una de cada cuatro personas sufre trastornos de conducta vinculados con las nuevas tecnologías.

La conducta de no poder separarse del móvil ya tiene nombre propio: nomofobia. Y esa es sólo una de las psicopatologías que surgieron debido al mal uso de los smartphones y las redes sociales. Especialistas las denominan así para diferenciarlas de los trastornos de salud mental que ya están establecidos y diagnosticados por organismos oficiales.

Este trastorno se vio reflejado por ejemplo el último fin de semana cuando las cámaras de televisión inglesa enfocaron a la tribuna del partido entre el Southampton y el Portsmouth por la tercera ronda de la Capital One Cup de Inglaterra, y un fanático se transformó en el protagonista de la noche por su accionar tras un gol de su equipo.

Luego de uno de los goles, las cámaras de la transmisión oficial enfocaron una de las tribunas y registraron una imagen que explica algunos de los comportamientos modernos de la sociedad: los hinchas festejan el gol, gritan, se abrazan... pero hay una persona que tiene una actitud diferente: en medio de la algarabía general, decide postergar su explosión de alegría. Primero, toma su celular, presiona sobre la pantalla, enfoca su rostro con la cámara selfie... y ahora sí: “¡Goooooooooooooooool!”.

En épocas de Instagram, Twitter, Facebook, WhatsApp, Snapchat y es común dejar grabado un momento especial, y este hincha aprovechó para grabar el momento y compartirlo con sus contactos.

La espontaneidad normal que tiene un hincha de fútbol durante un festejo de gol quedó trunca ante esta imagen que pareciera reflejar la dependencia que tienen muchas personas a las redes sociales y la tecnología móvil.

¿Qué es más importante: vivir el momento o registrarlo para que lo vean los demás? ¿La felicidad es real o impostada para una imagen virtual en redes sociales?

Para la psicóloga y escritora Beatriz Goldberg hoy las personas están más pendientes del otro y de la mirada del otro que de lo que están viviendo en la realidad, de un momento o de un hecho puntual que les sucede. “En el ejemplo del hincha de fútbol queda clarísimo. La pasión pasó a un segundo lugar. Lo más importante para él era grabarse en un festejo o subirlo a las redes sociales en ese momento”, explicó la especialista.

“Estamos viviendo una época muy narcisista en donde uno se pone en primer lugar en la escena para que el otro sepa que uno estuvo ahí. Uno visualiza lo que va a pensar el otro. Hasta ocurren muertes por tomarse una selfie o grabarse”, añadió la experta que agregó que este fenómeno se acentúa cuando se trata de tomarse una foto selfie o realizar una grabación selfie.

“Hoy se vive las 24 horas online. Antes se elegía el momento, la foto, el lugar. Hoy no hay selección. Es como que viven la situación cuando se está grabando o tomándose al foto. Si no, no se la vive. La pasión entra con delay. Y estamos haciendo un culto de esta nueva forma de vida virtual”, precisó Goldberg.

Cynthia Zaiatz, neuropsicóloga especialista en adolescentes y adultos, y jefa de servicio de psicología del Sanatorio Modelo de Caseros indicó que estamos viviendo una era en la que todos quieren pertenecer y mostrarse en las redes sociales.

“Todos quieren ser importantes. Y la forma de pertenecer a la sociedad es hoy a través de las redes sociales. Se ve más claramente en los adolescentes, pero cada vez más lo veo en los adultos.Todos quieren tener la primicia. Todos quieren decir: ‘Yo estuve allí, yo hice esto’. Ven en Instagram, Twitter, Facebook y otras redes sociales el éxito propio reconocido por ajenos mediante likes o visualizaciones. Para lograr esto, hay una gran necesidad de estar conectado constantemente y así no perderse de nada. Vivir en un mundo virtual constante y dejar atrás la realidad que se vive”, afirmó Zaiatz.

Y agregó: “No se retrata la otra vida. Se muestra la que está en las redes sociales. Se busca el reconocimiento del otro porque si no, soy un fracaso, un perdedor, aunque ello signifique perderse un momento único e irrepetible con un familiar, pareja o amigo. Un momento o instante que no vuelve. Todo por no quedarse afuera de una realidad virtual”.

La especialista advirtió que muchas veces tras esta conexión con el mundo virtual, sobreviene un sentimiento de vacío: “Luego de postear viene el sentimiento de vacío. De que no queda nada y que el momento se perdió. Esto genera una depresión que puede llevar a una enfermedad”.

Y esto es un mal que no parece tener fin. De acuerdo a los registros del CEETA (Centro de Estudios Especializados en Trastornos de Ansiedad), desde 2014 hay más consultas asociadas con el mal uso de los dispositivos digitales y el número sigue en aumento.

Y aunque la problemática se dé más que nada en adultos que no pueden desconectarse de sus trabajos, también está presente en adolescentes y jóvenes que necesitan vivir conectados en sus redes sociales. “El chico tiene la necesidad de estar todos los días con el celular en la mano porque es la manera de conectarse con sus amigos. Los adolescentes viven de las apariencias para las redes sociales y de ese modo no quedar afuera de nada”, dijo la neuropsicóloga.

El uso de la tecnología por parte de los niños, niñas y jóvenes es un fenómeno que está lejos de cambiar. Por el contrario, un informe de Unicef (2018) reveló que los jóvenes son la generación más conectada y que los menores de 18 años representan 1 de cada 3 usuarios de Internet en el mundo.

De acuerdo a un estudio de la Universidad de Los Andes, niños, niñas y jóvenes pasan, en promedio, 6 horas al día frente a un dispositivo electrónico.

 

Síntomas de preocupación

-Cuando la ansiedad comienza a ser marcada, definida, persistente, generando una necesidad urgente por tener que re-chequear, el celular o la tablet, una y otra vez en cortos períodos de tiempo, o utilizar una determinada app, como ser un juego.

-Cuando sienten que el uso del smartphone o la tablet, regla el funcionamiento de la vida a tal punto de traer problemas a nivel laboral, socio afectivos como también sobre la salud.

-Sentir malestar intenso, angustia e irritabilidad si no se logra conectar o acceder a la app deseada o se corta la conexión.

-Problemas de salud como irritabilidad en los ojos, problemas asociados a la mala postura como contracturas severas, dolor de espalda, dolor de cabeza.

 

Cuándo intervenir

El tratamiento para poder revertir la situación es posible: “El paciente generalmente viene cuando se da cuenta que le está trayendo problemas a nivel personal y también cuando no quiere estar más pendiente del trabajo en sus vacaciones y no sabe por dónde empezar”, destacó Zaiatz.

“El trato que arreglo con mis pacientes es que ellos puedan elegir una hora del día para poder chequear mensajes, responder consultas por mail y demás actividades relacionados al dispositivo. En cuanto a los adolescentes, es importante el rol de los adultos y dialogar primero, algunos deciden cortar el abono como medida extrema”, confesó la jefa del servicio de psicología.

Y aunque sea imposible pensar en un retroceso tecnológico, es posible pensar en un descanso en donde lo importante pase por el disfrutar el aquí y el ahora.

 

Aparición de la nomofobia

A partir de un término acuñado en Inglaterra en el 2008, “no mobile fobia”, (‘fobia a estar sin móvil’) actualmente los especialistas han profundizado el estudio de lo que en español denominaron como “nomofobia”.

Un conjunto de síntomas alrededor de la utilización de los smartphones, como tecnología condensadora de funciones que van más allá de hablar por teléfono; e incluye acceso a la web, redes y mensajes de texto, entre otros. Y así nace lo que para muchos será la enfermedad del siglo XXI.

Se trata de una sensación de angustia, ansiedad o miedo irracional que se experimenta cuando se dan situaciones como la pérdida del celular, la batería agotada, la falta de señal o conexión. Todo por la necesidad de revisar constantemente los mensajes de texto, mails; o permanecer en estado de alerta ante cada sonido que genera el teléfono.

Un claro ejemplo de esto es que en Argentina el acceso a Internet continúa en ascenso, sobrepasando la barrera de las 35 millones de personas, lo que equivale al 79% de la población, según el último estudio anual presentado por CertiSur. Esto representa un aumento del 4% con respecto al año anterior.

El Estudio muestra además que a pesar del contexto de crisis económica que vivimos en nuestro país, el consumo de Internet es el que más resiste. Mientras que la gran mayoría redujo el consumo de gastos relacionados con entretenimiento, entre otras cosas, el acceso a Internet no tuvo bajas abruptas.

Se destaca la incidencia en el uso del smartphone en esta tendencia. El 59% de los usuarios se conecta a través de su teléfono inteligente, mientras que el 34% elige la computadora y un 7% utiliza la tablet. En promedio, 8 de cada 10 personas utiliza su dispositivo móvil para realizar compras y transacciones.

 

Doble comando

La complejidad del trastorno “nomofobia” es que combina una sintomatología tanto de una adicción como de una fobia.

“La idea de perder la conexión o de no estar habilitado a conectarse, genera síntomas de ansiedad como cualquier fobia o miedo; una sensación de angustia, que se expresan como síntomas para el cuerpo como opresión en el pecho, falta de aire y dificultad para respirar “, explicó la psicóloga Patricia Gubbay de Hanono, directora de Hémera (Centro de Estudios del Estrés y la Ansiedad.

“Lo paradójico de la nomofobia es que la misma ansiedad que provoca, genera una adicción: tiene todas las características de la ansiedad, y el hecho de tener mucho miedo justamente lleva a recurrir a la adicción, para así tolerar la angustia. Es decir, la ansiedad es el síntoma… pero nosotros respondemos a esto con una conducta adictiva. Es una manera de “creer” que uno recupera el control sobre esa sensación de angustia original”, reforzó la psicóloga Gubbay de Hanono.

Si bien la nomofobia en principio se puede definir como un síndrome contemporáneo, al tratarse de un conjunto de síntomas; aunque es difícil ponerle nombre a una conducta humana con rasgos fóbicos que aún no aparece en los manuales de psiquiatría.

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